Jaime Escudero Sanhueza.

Don Jaime Escudero Sanhueza nació en Santiago, el 23 de junio de 1914. Estudió en el Instituto Nacional y luego arquitectura en la Universidad Católica. Además es dibujante, creador del primer largometraje de animación nacional, pintor y experto en el Apocalipsis. Casado desde 1952 con doña Teresa de Jesús Barrios Marín (pariente de Eduardo Barrios), con la que tiene su única hija, Virginia Escudero Barrios.

E.: Don Jaime, ¿cómo se inició en el dibujo?

J.E.: Según me contaron mis padres, cuando tenía 3 años, en 1917, me ocurrieron dos hechos seguidos, tan fuertes, que quedé con fiebres altísimas y se temió por mi vida. El primero ocurrió en septiembre, en una parada militar, con muchísimos soldados desfilando, con música y carros de combate. El segundo, al mes siguiente, también con música, mujeres y hombres con caretas y disfraces y coches carnavalescos. Tal

cantidad de hechos, para un niño ingenuo y tímido provocaron estos impactos en mí. Cuando me mejoré, comencé a pintar y dibujar, transformando los soldados en payasos y así durante toda mi vida, imaginando, por supuesto, que nunca jamás copiando, sino siempre pensando, analizando constantemente creando y creando, todo de mi imaginación.

Soy de naturaleza solitaria, sin ningún interés en viajar al mundo exterior y sí a mi propio interior oscuro, como una manera de ubicar una puerta de salida a un interior espiritual luminoso.

E.: ¿Cuáles son sus primeras caricaturas?

J.E.: Ya en el Instituto Nacional, dibujaba a mis compañeros y profesores, pero mi primera caricatura publicada fue la del Presidente Arturo Alessandri, en la década del 30, la que se publicó en el diario “El Imparcial”, el 8 de septiembre de 1931. Me la pagaron, ya que le gustó al Director. Imagínese, mi primer dinero cuando estaba en

Quinto Humanidades.

E.: Luego entró a Arquitectura, en la Universidad Católica.

J.E.: Así es, pero fui cayendo en un estado depresivo, por mi carácter y timidez, que superé en Tercer año, en unas fiestas primaverales estudiantiles. Mis compañeros me encargaron la creación de un carro alegórico que nos representara y a mí se me ocurrió hacer una esfinge, es decir un animal con cabeza humana, cuerpo de toro, garras de león y alas de águila en vuelo (agua, tierra, fuego y aire), lo que fue el punto de partida de mi eterna preocupación por el Apocalipsis. El carro sacó el primer premio y el dinero fue usado en una súper fiesta

de la Facultad de Arquitectura, con lo que fui superando mi timidez, ya que encontré algo que realmente me intereso y que podía estudiar paralelamente.

E.: ¿Cuáles fueron sus principales maestros en dibujo y pintura?

J.E.: En Arquitectura, estudié con los profesores de arte Miguel Venegas e Ignacio Baixas, en acuarela y artes decorativas respectivamente. Posteriormente, Pintura Mural en la Escuela de Bellas Artes, con don Laureano Guevara, entre 1946 a 1948.

E.: Aún sin terminar su carrera de arquitectura se embarcó en una película de animación. ¿Cuáles fueron los motivos?

J.E.: La película no fue algo importante en mi vida, quizás tuvo notoriedad, pero no es lo más importante. La historia nace por mi interés en dignificar el roto chileno, que yo mismo había dibujado en mi primera caricatura como una persona en la mayor pobreza.

Conversando con otro compañero de arquitectura, Carlos Trupp, muy hiperkinético, sociable y aficionado al cine, al contrario mío, que era introvertido, insociable y exageradamente intelectual, nos largamos. El largometraje animado estaba titulado “15.000 dibujos”, donde el protagonista era “Copuchita”, un cóndor antropomorfo, con sombrero, chaleco y zapatillas blancas, un obrero que trató de representar el roto chileno, pero sin sus defectos, situación que me molestaba en Verdejo, de la revista Topaze. Además estaba un personaje con características de puma mapuche, llamado Manihuel (basado en un tío), un gallo vestido de huaso, llamado Ño Benhaiga y una joven humana y muy hermosa, llamada Clarita. Todos ellos acompañados de una comparsa de plantas, porotos, bichitos diversos, etc.

E.: ¿Cómo la hicieron, con qué contaban?

J.E.: Bueno, todo se fue haciendo a la chilena. El financiamiento lo cubrimos con dineros de la familia Trupp, más un fondo aportado por la recién creada CORFO y la ayuda de muchos compañeros de universidad y

amigos, que trabajaron gratuitamente. La música la hizo una abuela de Carlos Trupp, doña Leopoldina y era ejecutada por los primitivos Huasos Quincheros. Al final, para alargarla, se le agregó metraje al incluir actores reales en los estudios de Chilefilms, los que tampoco cobraron, pero los actores casi nos dejaron en la ruina, con lo que consumían en el casino.

Pero pasaba el tiempo y no avanzábamos, por mi exagerado perfeccionismo.

E.: Es en ese momento que interviene Walt Disney, de visita en Chile, en 1941.

J.E.: Sí, el primer rollo fue exhibido a Walt Disney en la época en que visitó Chile, en 1941, gracias a don Carlos Reyes Corona, agregado de Prensa de Chile en Washington, quién nos puso en contacto. Walt Disney

se interesó y visitó el taller, en calle Lira casi esquina de Marcoleta (entre otros lugares en que estuvimos), donde se trabajaba lento, muy artesanalmente, con materiales hechizos, como una cámara hecha por un tío de Carlos, don Rodolfo Trupp. La cámara se portó discretamente bien.

En su visita, Walt Disney nos dio varios consejos y nos enseñó un sistema, que no existía en ningún libro, para realizar más rápido la ejecución y filmación de los monos. Por supuesto, lo seguimos, con lo que logramos avanzar más rápido.

Walt Disney nos invitó a viajar a EE.UU., lo que se frustró por el ingreso de ese país a la guerra, luego de Pearl Harbour, haciendo muy peligroso los viajes.

Gracias a los avances, conseguimos que la Cosach (Compañía de Salitre de Chile) nos financiara, ya que parte de la película era de propaganda del salitre y en la empresa trabajaba mi padre, como abogado.

E.: ¿Cómo fue el estreno de la película?

J.E.: El estreno fue en 1942 y no fue un éxito, ya que no cumplió las expectativas creadas y la película no era buena, comparada con las que por esos años producía Disney. Paso sin mayor pena ni gloria e incluso nos acarreo problemas judiciales por deudas y por haber negociado con dos cines su estreno, el “Miami” y “El Imperio”. No solamente nosotros, aún no recibidos de arquitectos, tuvimos que pagar, sino nuestras familias, que ya no estaban tan felices como al principio y no querían saber nada de los dibujos animados.

E.: ¿Qué pasó con la película?

J.E.: Producto de los líos judiciales, Carlos Trupp la guardó en varias partes y pasó al olvido. Carlos falleció en 1982 y su hijo menor, Rodrigo Trupp, residente en EE.UU., encontró, en un baúl de su casa, algunos restos de la película y se interesó por restaurarla junto a Víctor Uribe, el año 2001. Aproximadamente 20 minutos estaban en buen estado, de un total desconocido de duración. Se hicieron algunas notas al respecto, en diversos diarios, especialmente El Mercurio, pero luego no sé qué pasó.

E.: ¿Qué piensa de su personaje Copuchita y Condorito, de Pepo?

J.E.: El personaje Copuchita es de 1941 y Condorito apareció en Okay en 1949, por lo que debe ser una de las inspiraciones de Condorito, ya que Pepo lo conoció y en algún momento habló de él, pero nada que se pueda demostrar, en todo caso es un honor si así fue.

E.: Terminada su aventura de cine, se dedicó a terminar su carrera y titularse de arquitecto.

J.E.: Así es, lo hice en 1942, presentado un cubo, como una obra perfecta. Como arquitecto trabajé en forma particular, en la Caja de Empleados Particulares, donde ayude al Presidente González Videla en su proyecto de edificar en La Serena, para hacerla la ciudad más linda de Chile y, desde 1952, en Corvi, luego el Ministerio de Obras Públicas (donde dibujé en muchos de los anuarios del Ministerio) y trabajé en las Direcciones de Arquitectura, Planeamiento, Vialidad Urbana, Vivienda y Urbanismo. Estuve en el sur, después de los grandes terremotos de Chillán y Valdivia, para realizar la reconstrucción, etc.

E.: Volviendo al dibujo, usted pasó por dos grandes revistas infantiles, “El Cabrito” y “El Peneca”, ambas de Zig-Zag.

J.E.: Dibujé en la revista “El Cabrito”, ilustrando novelas como “Pancho Aisén”, “Mujercitas”, ?El caballo Diamante?, ?El Barón de Munchausen? y múltiples dibujos históricos, educativos y de entretención, durante muchos años en la década del 40.

También realicé caricaturas de otros dibujantes de la revista, como se aprecia en una caricatura en que aparezco con mis personajes.

Nota de E.: Nos muestra la caricatura, que aprovechamos de mostrar en estas páginas.

Lamentablemente, como nunca fui muy sociable, no compartí mucho con los demás dibujantes, salvo con Hortensia Oherens, joven dibujante, quién se hizo muy amiga de mi señora, pero le perdimos la pista cuando

se casó y se fue a Argentina.

Nota de E.: La revista era dirigida inicialmente por Elvira Santa Cruz, Roxane, pero luego se hace cargo Henriette Morvan, suegra de Coré. Estaba orientada a la historieta y a ayudar a la enseñanza. Se publica desde octubre de 1941 hasta el año 1949, con algunas historietas en folletín, blanco y negro, de 20 y luego 32 páginas, de las cuales 4 a 6 son historietas, porcentaje que aumenta hasta ocupar 12 o 13 páginas.

E.: ¿Y qué pasó con ?El peneca”?

J.E.: Trabajé en revista “El Peneca”, muy brevemente. Realicé las últimas portadas, antes del cambio de nombre a “El Intrépido Peneca”, en 1957. Coré había muerto años antes.

Nota de E.: Tiene una extraordinaria colección de revistas “El Peneca”, incluyendo los primeros números, de 1908, ya que la juntó, completando incluso los números anteriores a su propio nacimiento.

E.: Volviendo a su trabajo de arquitecto, cuéntenos como aplicó su arte en esto.

J.E.: Bueno, diseñé muchas cosas, entre ellas unos muebles y una ciudad infantil para niños de escasos recursos, en la década del 50, pero el proyecto, que iba a construirse en el cerro San Cristóbal, no continuó porque un sacerdote, muy conocido años después por su parentesco con un presidente, señaló que era para “príncipes”, lo que alejó a los inversionistas, ya que los sacerdotes tenían mucho peso en

esos años.

Finalmente en el Metro, de donde jubilé en 1980, fui el diseñador de los logos de las estaciones y de los afiches promocionales. Fui el gran divulgador de las obras públicas del país, organizaba exposiciones a lo largo de todo Chile, viajando con las muestras en avión.

Además, para los hijos del personal del Metro, junto a mi jefe, don Juan Parrochia, hicimos un hermoso libro infantil llamado “Los Tres pastores”, en la navidad de 1974, lleno de simbología para los que conocían el tejemaneje interno en el Metro. Los tres pastores representaban a los rombos del Metro, Mezor por Metro, Buzor, por buses y Vizor, por vialidad.

Nota de E.: Tiene la deferencia de regalarnos un ejemplar.

E.: Sabemos que su interés en el Apocalipsis se ha volcado en la pintura y un libro.

J.E.: Desde hace años me he dedicado a la pintura y al estudio del Apocalipsis, sobre lo que he preparado muchas exposiciones, desde una efectuada en la Librería Francesa “Le Caveau”, en 1948. Luego, en 1977 en la Iglesia San Francisco, con gran éxito. Expuse, en 1978, en la Capilla del Teatro Municipal. En 1990, más o menos, la realicé en la Sala 1913, del Metro.

Ya tengo un libro, donde explico cada uno de los 22 capítulos del “Apocalipsis” y muestro lo aprendido investigando textos esotéricos, hinduistas, teosóficos y cristianos relacionados con el Apocalipsis, con lo que he elaborado a lo largo de mi vida una propuesta pictórica secuencial de 22 trabajos que buscan la verdad del

Apocalipsis a través de obras simbólicas, estructuradas desde el dibujo y pintadas con acuarela. La última exposición se exhibió en la Sala Norte del 2º Piso del Museo de Arte Contemporáneo, entre noviembre y diciembre del 2000.

E.: ¿Cuáles son sus actividades y proyectos en estos momentos?

J.E.: Actualmente jubilado, resido con mi mujer en la Comuna de Providencia y sigo pintando, escribiendo e investigando sobre el Apocalipsis, el tema de mi vida. He sido entrevistado por varias revistas, como “Tercera edad” Nº 6, del año 2000 o el periódico Adulto Mayor, Nº 32. Realmente, con 90 años ya cumplidos, sigo investigando y esperando divulgar mis estudios sobre el tema del Apocalipsis, ya que siempre busco la verdad y estoy en permanente reformulación de mi teoría y cuadros.

E.: Agradecemos a don Jaime su tiempo y la entrega de valioso material histórico sobre la historieta chilena, que lo tiene entre sus más antiguos cultores vivos, sino el más antiguo de Chile.

Mauricio García Castro.

Agosto 2004.

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